¿Otra vez vida extraterrestre?

Este artículo de Martín Bonfil en “La ciencia por gusto” desmiente la sonada publicación reciente de un artículo donde un científico de la NASA afirma haber encontrado evidencia de antigua vida extraterrestre en un meteorito. No es la primera vez que se había escuchado tal afirmación, ni la segunda siquiera, por lo que desde que vi esta noticia tuve que ser cauteloso en no difundirla sin bases. Este artículo me ahorró el trabajo de ahondar en dicha investigación antes de darle mayor crédito. FFM

Asunto: La Ciencia por Gusto: ¿Otra vez vida extraterrestre?
Fecha: Wed, 09 Mar 2011 19:31:37 +0000
De: La Ciencia por Gusto <mbonfil
Para: ferminfm

La Ciencia por Gusto

Posted: 09 Mar 2011 08:13 AM PST

Por Martín Bonfil Olivera
Dirección General de Divulgación de la Ciencia, UNAM
Publicado en
Milenio Diario, 9 de marzo de 2011
Si usted se emocionó al ver titulares como “Científico de la NASA halla vida extraterrestre” (Milenio Diario, 6 de marzo), lamento desilusionarlo. No es cierto.
La noticia fue difundida primeramente por Fox News el sábado 5 de marzo, se esparció rápidamente en internet y luego en los medios masivos. Fue notorio el tono temerario de la mayoría de los titulares, que en general no dudaban ni tantito de que la nota fuera real.
Y a primera vista, parecían tener razón: el descubridor era un científico de la NASA, el doctor Richard B. Hoover, astrobiólogo del Centro Marshall de Vuelo Espacial. Y su investigación fue publicada en una revista científica especializada y arbitrada.
Hoover analizó muestras de tres meteoritos, de la clase de las condritas carbonáceas, conocidos como Alais, Orgueil, e Ivuna (por los sitios donde fueron hallados, los primeros dos en Francia, y el tercero en Tanzania).
Encontró, usando diversas técnicas microscópicas y de análisis químicos, estructuras en forma de filamentos muy similares a ciertas clases de bacterias terrestres. Luego de una serie de análisis, concluye que “estas bacterias fosilizadas no son contaminantes terrestres, sino los restos fosilizados de organismos vivos que vivieron en los cuerpos celestes de donde provienen estos meteoros”. Y añade que “esto implica que la vida se encuentra en todos lados, y que la vida en la Tierra puede haber provenido de otros planetas”. Bastante audaz; si fuera cierto, estaríamos ante la noticia del siglo, y el sueño de tantos científicos –entre ellos Carl Sagan– se habría cumplido: ¡no estamos solos en el cosmos!
Los “microfósiles” del meteorito ALH84001

Pero si recordamos que ya en agosto de 1996 habíamos oído la misma historia, quizá queramos ser un poco más cautos. En ese entonces, otro grupo de científicos de la NASA, liderados por David McKay, afirmó en la prestigiada revista Science haber descubierto evidencia de bacterias fósiles en el meteorito ALH84001, proveniente de Marte y hallado en 1984 en la Antártida, afirmación que resultó no tener mayor fundamento (se trataba de formaciones microscópicas con forma de bacterias, pero 100 veces más pequeñas que las bacterias terrestres, pero que mucho más probablemente eran sólo formaciones minerales).

(Por cierto, si usted se pregunta cómo un meteorito puede provenir de Marte, y cómo se sabe tal cosa, la respuesta es que probablemente salió despedido de la superficie de este planeta cuando otro meteorito cayó ahí; lo sabemos por su composición química, idéntica a la de las rocas marcianas –distinta de las terrestres y de otros tipos de meteoritos–, porque muestran evidencia de haber sido sometidos a altas temperaturas como las que se generarían en el choque que las arrojó al espacio, y  porque en algunas burbujas de su interior se halló una composición de gases idéntica a la que las naves Viking encontraron en la tenue atmósfera marciana.)
La cautela se va transformando en desconfianza cuando se conocen las opiniones de diversos expertos, que han cuestionado el poco rigor de la investigación, su formato confuso y lleno de paja, sus afirmaciones injustificadas (Hoover da por hecho desde un inicio que se trata de células de bacterias; el análisis químico no corresponde con lo que se esperaría de materia orgánica, etc.) y otras señales de peligro. Finalmente, todo se reduce, nuevamente, a la forma de las estructuras observadas, que parecen bacterias, pero nada más. Como afirma el famoso biólogo bloguero PZ Myers, “esto no es ciencia, es pareidolia” (ver formas en patrones al azar).
Para acabarla de amolar, el artículo no fue publicado en una revista de prestigio internacional, como Nature o la propia Science, sino en el Journal of Cosmology, una oscura publicación en internet, de dudosa reputación, y manejada por científicos de opiniones muy polémicas como Chandra Wickramasinghe (famoso por afirmar que el virus del Síndrome Respiratorio Agudo Severo –SARS– provenía del espacio).
El sistema de arbitraje que se usó para el artículo también llama la atención: “hemos invitado a 100 expertos a evaluar el texto, y hemos abierto una invitación general a más de 5 mil científicos para que ofrezcan su análisis crítico. Ningún artículo científico en la historia de la ciencia ha recibido un análisis tan concienzudo, y ninguna otra revista científica en la historia de la ciencia ha puesto un artículo tan profundamente importante a disposición de la comunidad científica para ser comentado antes de publicarlo”. Puede sonar impresionante –sobre todo por usar frases tan pomposas–, pero a un científico formal le suena poco serio.
El caso, además de mostrar el poco rigor del periodismo científico actual, que publica sin verificar mínimamente la información, y lo fácil que es lograr la fama con ciencia mal hecha, pero escandalosa, ejemplifica un aspecto importante del método científico: no basta con usar aparatos complicados, hablar como científico y publicar en revistas arbitradas: lo que se afirma tiene que ser discutido a fondo por una comunidad de verdaderos expertos, cosa que no ocurrió en este caso.
A diferencia de la jueza que, antes de tener pruebas suficientes, se apresuró a prohibir la exhibición de la película Presunto culpable, los científicos, de afirmaciones polémicas, exigen evidencia muy sólida antes de tomar decisiones.
Posdata: como colofón a esta comedia, el Journal of Cosmology ha anunciado, en un boletín, que debido al parecer a agresiones por parte de la NASA, dejará de publicarse, y presentará su última edición en mayo de 2011, donde presentará evidencia “que demuestra que la vida en la Tierra tiene un pedigrí genético que se extiende tiempo atrás unos 10 mil millones de años (miles de millones de años antes de que se formara la Tierra)”. Mientras tanto, la NASA publicó un boletín deslindándose de las opiniones de Hoover –quien ya había hecho afirmaciones similares en 1997 y 2007–, y aclarando que su artículo había sido anteriormente rechazado por el International Journal of Astrobiology, ese sí una revista seria. Sobran los comentarios.
¿Te gustó? ¡Compártelo en Twitter o Facebook!:
Tweet
Para recibir La ciencia por gusto cada semana
por correo electrónico, ¡suscríbete aquí!
Derechos Reservados © Martín Bonfil Olivera y Grupo Editorial Milenio 2003-2011

 

¿Qué te parece? ¿Qué opinas?

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s